Cuando todo el mundo está contento, y el gobierno
eufórico, es necesario que alguien prevea lo que casi nadie sospecha.
El anuncio del nuevo DNI electrónico el pasado 13 de febrero merece
una visión más crítica desde las perspectivas tecnológicas,
económicas y sociales. Las leyes y los decretos, en sí, no
suelen mejorar la realidad, y menos aún cuando se ignoran sus riesgos,
o sus costes reales, que serán, seguro, muy superiores a los 150 millones
de Euros presupuestados inicialmente por el Gobierno.
Desde la perspectiva tecnológica, el nuevo DNI ya motivado modificaciones
en el navegador EXPLORER de Microsoft, y en estos momentos, cientos, o miles,
de informáticos e ingenieros están diseñando y desarrollando
complejos sistemas para su integración en el proyecto del DNI, aún
mucho antes de que sea formalmente convocado el concurso público.
Pero lo cierto es que el DNI se basa en sistemas criptológicos controvertidos,
y en especial, en el algoritmo de clave pública RSA, sobre el que
hace 25 años que se investiga, a favor, y también en su contra,
para descrifrar e impersonarse.
El criptoanálisis del RSA consiste, básicamente,
en descomponer en factores primos grandes números. La factorialización
requiere de gran potencia de cálculo en ordenadores muy complejos,
durante mucho tiempo. Pero algo puede cambiar muy pronto, si es que no ha
cambiado ya y oficialmente no se permite que se sepa, porque existen nuevas
tecnologías (computación cuántica) y algoritmos (como
el de Peter Shor) que permiten factorializar muy rápidamente, incluso
los productos criptológicos de muy grandes números primos,
haciendo extraordinariamente vulnerable al RSA, y por lo tanto, también
al sistema de clave pública o firma digital en la que se basará
el nuevo DNI. La pregunta 1 es: ¿
quién puede demostrar
que el DNI será (o no) criptológicamente seguro?
La respuesta más lógica es que como ocurre con los teoremas
cuya demostración no se ha publicado, en rigor, nadie puede saberlo
hasta que, efectivamente, no se demuestre la peor vulnerabilidad del RSA.
Pero también es lógico pensar que los Laboratorios Bell, y
la National Security Agency (NSA), saben mucho más de lo que se reconoce
actualmente como riesgos criptoanalíticos del RSA. Incluso cuando
no sabemos, debemos hacer un esfuerzo por saber quién sabe, aunque
nunca vaya a compartir su conocimiento. La siguiente pregunta 2 es: ¿
cuánto y cómo se está invirtiendo en criptoanálisis
en España?
Los certificados digitales no sólo sirven para identificar y firmar
documentos electrónicos, sino que también permiten distribuir
secretos personalizados, porque la clave pública del certificado permite
cifrar información de manera que, en principio, sólo el destinatario
puede descifrarla con la clave privada que nadie más que él
conoce. Otra sensata pregunta 3 es: ¿
qué ocurrirá
cuando los terroristas, los narcotraficantes, u otros delincuentes puedan
utilizar su propio DNI para distribuir criptogramas?
El economía criptológica es fascinante. Muchas empresas están
dispuestas a perder dinero durante tanto tiempo como haga falta, aunque sólo
sea para estar en contacto con la tecnología, la normativa, y con
sus responsables. La calidad, el precio, el talento o el mérito influyen
bastante poco en el negocio, pero la resistencia, la habilidad y unas formas
muy peculiares de entender la confianza acaban por evidenciar las auténticas
claves de la industria de la seguridad de la información. La pregunta
4 es ¿
Es posible confiar siempre en tantos que, además,
van cambiando, en tan diversas circunstancias?
Estas 4 preguntas resultan trascententales para un creciente número
de tecnólogos y científicos, porque las lamentables experiencias
".com" y UMTS han arruinado a muchos que creyeron las promesas de políticos
y empresarios irresponsables. Ni inversores, ni investigadores ni ingenieros,
van a creer lo que no se puede, o no se sabe explicar. Estamos muy interesados
en las respuestas a estas 4 preguntas, por lo que agradeceremos documentación,
referencias y contactos políticos y empresariales capaces de responder
a cualquiera de ellas. (¿CONTINUARÁ?)
Ing.
Miguel Ángel Gallardo Ortiz
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