Para la asignatura de Estética (Cuarto curso de Filosofía)

Comentario de “Cartas sobre la crueldad” de Antonin Artaud en “El teatro y su doble

 

Comentario previo: La correspondencia, a diferencia del ensayo o el diálogo que se escribe para ser leído por múltiples lectores, tiene mayores dificultades para su plena comprensión por falta de contexto. Pero la correspondencia de Artaud sobre la crueldad carece de cualquier traza de relación personal. Escribe para la humanidad, o quizá más aún, para sí mismo, sobre lo trascendental, y por este motivo puede comentarse lo siguiente como si fueran sucesivos manifiestos sobre la crueldad, con la única excepción de la tercera carta que parece responder a un texto que desconocemos, pero que sin duda puede relacionarse con los manifiestos sobre la crueldad.

 

Primera carta.- Artaud quiere evitar, desde el principio, malos entendidos y empieza por 3 negaciones:

 

No puedo aclararte minuciosamente...

No hay sadismo ni sangre en esta crueldad, al menos, menos no de manera exclusiva...

No cultivo sistemáticamente el horror...

 

Positivamente, Artaud imagina, y nos hace imaginar, una crueldad pura, sin desgarramiento carnal. Una crueldad, si se me permite, de intelectuales para intelectuales, y esta crueldad puramente intelectual, se expresa teatralmente.

 

Y filosóficamente hablando, ¿qué es por otra parte la crueldad? Desde el punto de vista del espíritu, crueldad significa rigor, aplicación y decisión implacable, determinación irreversible, absoluta.

 

El determinismo filosófico más corriente es, desde el punto de vista de nuestra existencia, una imagen de la crueldad.

 

Si se me permite la atrevida metáfora, la idea de crueldad que Artaud proyecta me hace recordar la lógica de primero, el álgebra y el cálculo de las ingenierías, o la descripción geométrica de cualquier objeto que parece mutilado, desgarrado, o cruelmente tratado por las idealizaciones que, con más o menos acierto, pretenden representarlo. También hay crueldad en esta misma exposición, porque Artaud probablemente consideraría cruel mi pretensión de exponer su pensamiento aquí, y también la hay en cualquier examen, en el que todos, el profesor incluido, trata cruelmente las ideas ajenas.

 

Y el teatro, en el sentido representativo, es, no puede dejar de ser, cruel. A veces muy cruel. Tal vez falte en esta carta una aclaración más sobre lo que Artaud quiere diferenciar de su idea de crueldad, porque en mi opinión tampoco pretende hacer referencia a la crueldad de la crítica, a las palabras hirientes, en la crítica de la crítica o metacrítica, a la que, repito, creo que no quiere referirse. Lo he entendido así.

 

Segunda carta.- Texto literal e íntegro: La crueldad no se sumó a mi pensamiento, siempre vivió en él, pero me faltaba advertirlo conscientemente. Empleo la palabra crueldad en el sentido de apetito de vida, de rigor cósmico y de necesidad implacable, en el sentido gnóstico de torbellino de vida que devora las tinieblas, en el sentido de ese dolor, de ineluctable necesidad, fuera de la cual no puede continuar la vida; el bien es deseado, es el resultado de un acto; el mal es permanente. Cuando el dios escondido crea, obedece a la necesidad cruel de la creación, que él mismo se ha impuesto, y no puede dejar de crear, o sea de admitir en el centro del torbellino voluntario del bien un núcleo de mal cada vez más reducido, y cada vez más consumido. Y el teatro, como creación continua, acción mágica total, obedece a esta necesidad. Una pieza donde no interviniera esa voluntad, ese apetito de vida ciego y capaz de pasar por encima de todo, visible en los gestos, en los actos, y en el aspecto trascendente de la acción, sería una pieza inútil y malograda.

 

En esta segunda carta se aprecia una matización diferenciadora del concepto de crueldad de la carta anterior, porque el “apetito de vida” es muy diferente a lo que entendí anteriormente, y puede ser mi corto entendimiento, o puede ser también la evolución del pensamiento y significado de la crueldad para Artaud lo que explique tal divinización de la necesidad cruel de la creación. Estoy seguro de que puede ser discutible, porque es interpretable desde muy diversos criterios.

 

Tercera carta.- Artaud responde a un texto que no tenemos, en el que parece que el destinatario, o tal vez alguien distinto, hace objeciones a su título, pero afirma:

 

El esfuerzo es una crueldad, la existencia por el esfuerzo es una crueldad.

 

Para representar este “esfuerzo cruel” utiliza el mito de Brahma, que es polémico. Buscado en la enciclopedia Wikipedia, vemos lo siguiente:

 

Brahmâ (literalmente 'evolución' o 'desarrollo' en idioma sánscrito) es el dios creador del hinduismo, y miembro de la Tri-murti ('tres formas'), la Trinidad conformada por Brahmâ (dios creador), Vishnu (dios preservador) y Shiva (dios destructor).<Según un mito, los tres surgieron del huevo cósmico puesto por el dios Ammavaru). Según otro mito más moderno, de origen vaisnava (de los seguidores de Vishnu), Brahmâ surgió de una flor de loto que flotaba en el océano del ombligo de Vishnu durmiente (que genera la existencia del universo mediante sus sueños).

 

Según Artaud:

 

Brahma sufre, con un sufrimiento que tal vez produce armónicos de alegría, pero que en el extremo últi­mo de la curva sólo puede expresarse mediante una espantosa trituración.

 

Pero además, también utiliza la mitología griega con otro mito, para llegar a la metafísica, así: El deseo de Eros es crueldad en cuanto se alimenta de contingencias; la muerte es crueldad, la resurrección es crueldad, la transfi­guración es crueldad, ya que en un mundo cir­cular y cerrado no hay lugar para la verdadera muerte, ya que toda ascensión es un desgarra­miento, y el espacio cerrado se alimenta de vidas, y toda vida más fuerte se abre paso a través de las otras, consumiéndolas así en una matanza que es una transfiguración y un bien. En la manifesta­ción del mundo y metafísicamente hablando, el mal es la ley permanente, y el bien es un esfuer­zo, y por ende una crueldad que se suma a la otra. No comprender esto, es no comprender las ideas metafísicas. Y no se me diga después que mitítulo parece limitado. Pues la crueldad endurece las cosas, moldea los planos del mundo creado. El bien está siempre en la cara exterior, pero la cara interior es el mal. Mal que eventualmente será reducido, pero sólo en el instante supremo, cuan­do todo aquello que fue forma se encuentre a pun to de retornar al caos.

 

Esta “metafísica del mal”, como todas las que hasta ahora se han conocido, es cualquier cosa menos pacífica, y sería muy interesante poder conocer lo que grandes metafísicos (estoy pensando en Heidegger por la asignatura que estamos cursando, pero también en el decano de esta facultad, o en Arturo Leyte, por ejemplo), porque a la problemática definición de la crueldad, y también a la del mal, se les multiplican ahora las problemáticas de la Metafísica, y abre explosivas variantes para la polémica, a la que se me ocurre añadir, aquí y ahora, cierta “crueldad de la metafísica”, y si se me permite, con el debido respeto de un respetuoso alumno, cierta crueldad de cierto planteamiento de la asignatura de Estética. Quizá no esté de acuerdo nuestro profesor, pero apuesto a que sí lo estará alguno de mis compañeros, y tal vez también lo estuviera Artaud. Espero y deseo que se me acepte algo de teatro en esta incruenta exposición.

 

Miguel A. Gallardo, Tel.: 619776475, página publicada en www.cita.es/crueldad