A mis enemigos, a los que tanto debo
Una teoría de la enemistad con algunos nombres y apellidos de mis
mejores enemigos
Gregorio Marañón escribió una magnífica
"teoría del resentimiento" en su biografía del emperador Tiberio
y tal vez sea necesaria una "Teoría de la enemistad". Entre la Ética,
entendida como Filosofía Moral con los mejores valores humanos, y
la criminología centrada en el estudio de las patologías más
abominables existe un amplio espectro de ideas, impresiones, motivaciones,
actitudes y acciones. Entre la amistad y la enemistad se aprecian emociones
contradictorias, contrarias y subcontrarias. Es fácil encontrar abundante
literatura y filosofía sobre la amistad, pero es muy difícil
leer buenos escritos sobre la enemistad, tal vez por la simplista evasiva
de quienes niegan tener enemigos. Quizá sea un acierto diplomático,
pero es un error ignorar a los enemigos, y aquí vamos a experimentar
con mis propios enemigos, a los que espero y deseo acabar debiendo mucho.
Toda teoría que se precie, y la de la enemistad más que ninguna,
debería empezar por definir, dividir y argumentar sobre lo que es,
y lo que no es, tal teoría. La teoría de la enemistad se debería
de ocupar de las causas, las clases y las consecuencias de cada enemistad,
desde que nace, hasta que se extingue, se supera o se transforma. Provisionalmente,
podemos aceptar la definición que nos da el Diccionario de la Real
Academia de la Lengua Española de enemistad. (Del lat. *inimicĭtas,
por inimicitĭa). 1. f. Aversión u odio entre dos o más personas.
y de enemigo, en el sentido que aquí se considera, concretamente como
"enemigo jurado", da el Diccionario como "Persona que tiene hecho firme propósito
de serlo de otras personas o cosas".
Platón trata insuperablemente algunas sutilezas de la amistad y la
enemistad en República (pág. 334 "Pero retractémonos;
pues es probable que no hayamos considerado correctamente al amigo y al enemigo
...") señalando varias paradojas de la amistad y la enemistad ("
el bueno será amigo, parece, y el malo enemigo") y también
de la moralidad ("Y por medio de la justicia, ¿los justos pueden
hacer injustos a otros" "Sin duda hay que perjudicar a los malos y
enemigos nuestros") y la Ética al filosofar preguntándose
por sus relaciones de mayor orden, no sin cierto filibusterismo. La filosofía
de la amistad, y de la enemistad, resulta especialmente interesante cuando
también se conocen a los amigos y los enemigos de los filósofos.
Se dice de J.F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos, allá en
los años sesenta, que en una ocasión comentó: “Perdona
a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres”. Mucho antes, han sido
profetas, apóstoles y en el caso del cristianismo, los evangelistas,
los que han dado una visión religiosa de la amistad, y también
de la enemistad, mucho menos ingenua y bonachona de lo que se predica. Chesterton
decía que "es fácil ser bueno, pero lo difícil es
ser justo", y es especialmente difícil ser justo con los enemigos,
porque también sería injusto perdonarles, e incluso peligroso,
ya que les animaría a seguir haciendo daño impunemente al contar
con el perdón inmerecido.
En la psicopatología, la enemistad no es necesariamente patológica.
Pero sí que es muy poco recomendable interiorizar en exceso, ocultando
incluso a uno mismo, la existencia de enemigos. Los peores enemigos son los
que no se identifican como tales y el sabio refranero recuerda el consejo
"Del agua mansa me libre Dios, que de la otra me libro yo". Muchas
obras geniales han estado inspiradas por una inteligente enemistad. Pero
en la vida cotidiana, la supervivencia y la autoestima pueden depender de
una correcta identificación de los enemigos. Y eso es lo que pretendo
hacer aquí con los míos.
La persona que más daño me ha hecho ha sido Manuel Hervás
Maldonado como indigno codirector de mi tesis doctoral en el Departamento
de Matemática Aplicada y Métodos Informáticos de la
Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas. Me siento estafado
por él. Y lo peor es que va de hombre bueno que incluso cree que debo
de estarle agradecido. Su falta de personalidad, y su actitud de gallinaza
o avestruz que pretende ignorar el perjuicio que causa, me ha dejado en una
situación de indefensión haciéndome perder muchos años
de trabajo de investigación y cursos (32 créditos de doctorado
con la suficiencia investigadora) porque su dimisión como codirector
hace imposible que pueda ser doctor. Me arrepiento de haber confiado en él
y en sus aduladoras palabras escritas hacia mi proyecto de investigación.
Espero y deseo que todos los que le rodean sepan bien cómo es Manuel
Hervás Maldonado. Para mí es un cínico desalmado que
no merece perdón.
Otro malvado, que también ha pretendido disimular su
Miguel Angel
Gallardo Ortiz
, Informático,
Criptólogo, Ingeniero de Minas, Criminologo y Perito
Apartado Postal (P.O. Box) 17083, E-28080 Madrid,
España (Spain)
Tel.: (+34) 914743809, Fax: 902998379, Móvil:
619776475 E-mail:
miguel@cita.es