Santo Padre Papa Francisco, Sr. D. Jorge Mario Bergoglio, en carta abierta publicada con hiperenlaces en www.cita.es/jorge-bergoglio y www.miguelgallardo.es/jorge-bergoglio.pdf
y adjuntando la reseña teatral de www.miguelgallardo.es/enfrentados.pdf
Sabiendo, como toda España, que lee las cartas que se le envían, me estoy atreviendo a pedir su opinión más crítica y su siempre sabio consejo sobre mi atormentadora tesis doctoral titulada “Problemas morales de las intrusiones, grabaciones y escuchas. Hacia una ética del descubrimiento y la revelación de secretos”, en la que cito varias veces a San Agustín, como confesor de confesores, y en la que planteo el dilema del confesor, por ejemplo, un capellán de prisiones, que escucha a un recluso confesar otros crímenes distintos al que mereció su condena, y cuya revelación podría resolver casos angustiosos para familiares de víctimas. Si se me indica cómo, puedo hacerle llegar un borrador de varios cientos de páginas. Todo cuanto se critique o corrija lo agradeceré hasta el momento en el que quede depositada irreversiblemente, pero después, también apreciaré cuanto se me participe y confíe sobre la problemática moral de los secretos y sus descubrimientos. Sería un gran honor poder citar unas palabras Suyas.
También quiero hacerle una inusual petición para una persona, y un “personaje”, en su sentido más artístico, que no necesita nada material porque es muy rico (odiosamente rico), guapo (insoportablemente atractivo), ingenioso (extremadamente divertido en el sentido más noble de la palabra humorista) y también famoso y exitoso en todo cuanto pueda conocerse de él. O más bien, lo que yo deseo es ofrecer a la Iglesia que Usted representa tan dignamente, el testimonio de un admirador del teatro de calidad, en este caso, centrado en una parroquia y protagonizado por un cura que, desde el primer momento de la obra, hace pensar en algunas expresiones muy “porteñas” que se están escuchando todas las tardes en Madrid. Se trata de la obra de teatro “Enfrentados”, protagonizada por mi “carísimo amigo” Arturo Fernández, que produce como empresario, y representa como actor, un diálogo vivo y actual, únicamente con dos escenarios de una ejemplar parroquia. Le adjunto mi reseña publicada pocas horas después de su estreno. Pues bien, mi petición es muy sencilla y fácil de complacer. En el escenario de “Enfrentados” hay una fotografía Suya que, en mi opinión, debería estar firmada con una dedicatoria Suya. Pero más aún, creo que el Nuncio Apostólico, como representante diplomático de la Santa Sede en Madrid, podría informarle de lo mejor y lo peor de la obra, porque aunque puedo estar muy equivocado, yo apostaría 100 contra 1 a que le complacería a Usted, pero más aún, notaría que hay mucho de San Agustín tanto en la persona como en el “personaje” que encarna Arturo. Cuando se escucha la ovación diaria, parece como si lo único que faltase es Su Bendición. Santo Padre, ¿querría dedicar Su Fotografía para la parroquia-escenario de “Enfrentados”?
Yo sé que Arturo Fernández es una persona muy generosa y grande, en el sentido argentino de la Grandeza, que se volcaría y desharía ante el más mínimo interés de un enviado suyo. Si hay algo que yo pueda hacer, mi deseo es que Su Santidad no pierda la ocasión de conocer la obra “Enfrentados” que, al ser un diálogo de únicamente dos actores, podría ser representada en sesión privada en Roma, o en Buenos Aires, o donde Su Santidad prefiriese. Por favor, no dude en hacerme saber, como considere más conveniente, qué puedo yo facilitar si estuviera a mi alcance, o al de mi carísimo amigo que, por cierto, es 7 años mayor que Su Santidad pero, aunque no tanto como Su Santidad, tiene fascinadas a mi mujer y a su hermana gemela que no querrían perderse el encuentro de sus admiradísimos ídolos, incomparables, ¿o tal vez no?
Miguel Gallardo es licenciado en Filosofía y trabaja actualmente en un doctorando en Ética
www.twitter.com/miguelencita Tel.: +34 902998352, E.mail: cita902998352@gmail.com
Estreno de “ENFRENTADOS”, Teatro Amaya, Madrid, 16 de septiembre de 2014
Arturo Fernández, arte y oficio, genio y figura, un sublime sacerdote en una obra espléndida
No es fácil hacer teatro moralista, en el sentido en el que ofrece moralidad “ENFRENTADOS”, mezclando emociones sentimentales pero sin patetismo, arrancando carcajadas sin una sola grosería, ni ofender absolutamente a nadie. Para conseguir la ovación final, Arturo Fernández ha tenido que seleccionar muy bien desde la dirección (Alberto&David Blasco), hasta el guión y su contraparte (el prometedor actor David Boceta), esforzándose en sublimar todo el talento escénico de un hombre de teatro, a veces muy frívolo, que ahora con su solera dignifica un alzacuellos en dos escenarios de una misma iglesia. Es teatro en estado puro. Y del bueno.
El guión de Bill C. Davis fue representado por primera vez en 1980 en Broadway, pero la adaptación al Madrid, o a cualquier otra ciudad española, de 2014 es más que correcta, sin excederse en eventualidades. Puede apostarse cien contra uno a que el Papa Francisco estará encantado con el espíritu, la letra, y la representación en la que se le cita. Es más, la fotografía de Arturo Fernández con Jorge Mario Bergoglio del atrezzo merece una buena dedicatoria papal de lo que bien puede representarse en más de una iglesia, tanto en una humilde parroquia como en suntuosas catedrales. Extraña no ver curas y monjas en el estreno. La Conferencia Episcopal no puede permitirse dejar pasar la oportunidad de bendecir la obra del cómico de los cómicos en un sorprendente papel que, sea cual sea nuestra fe, incluso si no tenemos ninguna, nos hace recordar aquel cura bueno con el que siempre se podía hablar de todo lo que preocupa e inquieta a un joven. El Padre José María es el personaje que necesitan las juventudes de cualquier partido político, desde los más conservadores miembros de Nuevas Generaciones del PP, hasta los más activistas de EQUO, Podemos o IU, los que hacen botellón cutre, o máster carísimo en universidad privada. Y más providencial aún resultará para los jóvenes que no parecen tener ni la menor inquietud política o religiosa, o para sus padres, con los que no se entienden. Esta obra demuestra que no es necesaria ninguna fe para apreciar algunas representaciones religiosas.
Arturo sorprende por sus discursos de cura viejo, en el sentido más noble de la palabra viejo, con algo de “san Sócrates”, otro poco de Quijote religioso, una pizca de Pájaro Espino senior y mucho del gran actor de toda la vida, que después de haber sido el seductor irresistible, burlón e irreverente, con un punto canalla, ahora es un creíble, muy creíble sacerdote que obedece a su obispo con finas ironías telefónicas mientras tutela a un fogoso seminarista con el que mantiene diálogos de altísimo nivel filosófico, al alcance de todo tipo de públicos, que se emocionan y se divierten aplaudiendo hasta la ovación final agradecidos por el generoso esfuerzo de un actor consagrado que regala sensibilidad, elegancia y grandeza teatral.
No se debe estropear ni uno solo de los chistes, ni desvelar escenas y momentos cruciales. La obra “ENFRENTADOS” es un todo que dura más de dos horas sin descanso, pero que se hace corta por amena y entrañable. Resulta especialmente recomendable para los saturados de series televisivas industrializadas, o realities despiadados, o debates politizados. No hay nada de eso en esta obra, ni falta que hace, porque la humanidad es un bien escaso y Arturo Fernández derrocha humanidad desde la primera escena hasta la última. Al menos, eso es lo que me ha parecido a mí, y también a quien me acompañó al estreno de “ENFRENTADOS”.
Miguel Gallardo es licenciado en Filosofía y trabaja actualmente en un doctorando en Ética
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