© 1997, COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN TECNOLOGÍAS AVANZADAS

© 1996, 1997 Miguel Angel Gallardo,

con E-mail: miguel@cita.es

 

Muertos en el almacén del terminal de carga aérea
(puede ocurrir en cualquier aeropuerto de España)

 

© 1997 C.I.T.A. <http://www.cita.es>

 

Hay pocos momentos de mayor sensibilidad. La muerte de un ser querido transforma el carácter y la conducta de los seres humanos. Siempre hay que evitar sufrimientos innecesarios, pero más que nunca, cuando no estamos preparados para soportarlos.

Los traslados de cadáveres por vía aérea suponen días de intranquilidad, altos costes, y diversas incomodidades, precisamente cuando nadie está con humor para nada. No hay motivo decente que impida mejorar la organización de los traslados, pero lo cierto es que ni evolucionan, ni economizan, ni se tienen muchas opciones donde elegir, ni se conocen con antelación las condiciones y opciones posibles. Lo razonable sería aprovechar unas instalaciones preacondicionadas, sobrias pero suficientes, para que el fallecido y sus familiares y amigos puedan esperar hasta poco antes del despegue. Pero lo habitual es que el féretro esté en cualquier parte, los acompañantes dispersos, desorientados y mal informados, mientras nadie se hace responsable más que de lo que es de su estricta competencia. Si analizamos los sujetos, los objetos y las normas, tanto de la operativa como de la infraestructura, encontraremos lo siguiente:

La funeraria de origen no inicia el traslado hasta que no tiene muy bien garantizado el pago de su importe, lo cual a veces obliga a costosas gestiones a distancia. Los cónsules no tienen normas precisas ni recursos ni facilidades especiales, por los que unos lo hacen bien, otros regular, y Dios nos libre del resto, incluso después de la muerte. En las aduanas puede pasar de todo (eso es precisamente lo malo) con un féretro, pero nadie puede estar seguro de cuánto tiempo va a demorarse una ceremonia. La funeraria de destino suele inclir muchos costes ocultos, aprovechándose de la situación.

En el aeropuerto, a pesar de las importantes cantidades de dinero que se manejan en los traslados, y de su importante número, parece como si nada estuviera previsto para prestar tan sensible servicio. Las aerolíneas no compiten por un negocio rentable que, bien organizado, podría extenderse a los acompañantes y fidelizar a sus viajeros. Sin embargo, en otros países sí que es posible contratar en condiciones muy ventajosas el desplazamiento colectivo, e incluso hay agencias especializadas en conexiones óptimas para este fin, siempre urgente, delicado y solidario.

No es aquí donde debamos poner nombres y apellidos a la pasividad, la negligencia, el abuso o la especulación, pero no queremos dejar de invitar a los que lamentablemente sepan ya lo que hemos querido señalar aquí, que pueden y deben exigir sus derechos incluso cuando otros consideren que es de mal gusto. La experiencia demuestra que lo mejor es confiar a un amigo distante, y por lo tanto, más frío, o bien a un profesional, la negociación, el seguimiento, y cuando proceda, la reclamación, por ejemplo, de que nuestro ser querido lleve demasiado tiempo en el almacén de un terminal de carga aérea.
 

Fdo.: Miguel Angel Gallardo Ortiz es Ingeniero (UPM) y Criminólogo (UCM). Dirige la empresa COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN TECNOLOGÍAS AVANZADAS (C.I.T.A.) en Internet <http://www.cita.es>, especializada en trasferencia de tecnologías para funerarias y cementerios habiendo propuesto proyectos de telemática, biotecnología para el saneamiento ecológico de cementerios y genética para preservar el ADN de fallecidos con plenas garantías técnicas y jurídicas, tanto en el ámbito europeo como en el iberoamericano. Ha publicado numerosos artículos sobre temas funerarios y de cementerios.

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